En el presente artículo queremos hacer una breve reseña sobre las dos víctimas del terrorismo durante la Transición que habían nacido en la ciudad de Úbeda: Manuel Orcera de la Cruz y Rafael Carrasco Lamas. Pertenecían a la Policía Armada y la Guardia Civil respectivamente, y fueron asesinados en mayo y junio de 1977, poco tiempo antes de la celebración de las primeras elecciones democráticas.
Hay que recordar que la Transición se desarrolló en un momento de aumento de la violencia política. Autores como Sophie Baby, Víctor Aparicio, José Antonio Pérez, Gaizka Fernández, Xavier Casals, entre otros muchos, han desarrollado investigaciones sobre los efectos de la violencia política en España en estos años. Y es que esta violencia política tuvo muchos agentes y victimarios, destacando la actividad de grupos nacionalistas vascos radicales, de extrema izquierda y organizaciones de extrema derecha. También hay tener en cuenta la violencia represiva ejercida por unas Fuerzas de Orden Público que mantuvieron, hasta los años ochenta, prácticas y personal procedente de la dictadura.
Partiendo de esta premisa queremos analizar el contexto en el que se producen los asesinatos de estos dos ubetenses, una pequeña reseña biográfica de cada una de las victimas, y una descripción de los atentados que sufrieron.
Contexto: 1977. Entre dictadura y democracia.
1977 fue un año clave dentro de la Transición Española. La muerte de Franco en 1975 abría un escenario incierto. Los últimos años de la dictadura habían sido de crisis, con un aumento de la actividad de una oposición antifranquista, plural, y aunque minoritaria, muy significativa. El crecimiento del movimiento obrero clandestino en torno a CC.OO., la disidencia estudiantil, y el aumento de la violencia política fueron factores que desestabilizaron el régimen en su últimos años. La actividad de ETA, que a a partir de 1968 cometió sus primeros atentados mortales, provocó una escalada de violencia que iba a desarrollarse exponencialmente los próximos años. Las prácticas represivas del régimen se endurecieron durante los setenta, con el uso de grupos parapoliciales ultraderechistas, como reacción ante el aumento de la oposición.
La desaparición física de Franco vino sucedida del gobierno de Arias Navarro (1975-1976), cuyas tímidas reformas de apertura supusieron más gestos estéticos que pasos a una auténtica democratización. La represión de movimientos de protesta como la huelga de Vitoria de marzo de 1976, con cinco muertos y decenas de heridos de bala, o los Sucesos de Montejurra, donde fueron tiroteados dos militantes carlistas disidentes por elementos de extrema derecha, acabaron provocando la dimisión del presidente. El rey Juan Carlos, ya jefe del estado, mandó formar gobierno a Adolfo Suárez. El nuevo presidente dio pasos que supusieron los primeros intentos de abrir un nuevo escenario que permitiera el acercamiento a la oposición, entre ellas una pequeña amnistía para presos políticos en 1976. A finales de año, se aprobó en cortes franquistas, tras un referéndum en diciembre, la Ley de Reforma Política (LPR), que posibilitaba la celebración de elecciones pluripartidistas. Este fue el primer peldaño en el desmantelamiento de la estructura institucional del régimen. La LPR otorgó la iniciativa a los sectores reformistas provenientes de la dictadura, lo cual obligó a las organizaciones de oposición a estudiar el nuevo contexto.
Desde ese momento, el ejecutivo de Suárez comenzó a contactar con miembros de la oposición antifranquista, intentando negociar las condiciones para su integración dentro del sistema de reforma política, que en un inicio la mayoría de organizaciones rechazaban en pos de una ruptura democrática. Estos primeros contactos no acabaron con la violencia política, perpetrada tanto por las organizaciones que optaron por la realización de atentados (ETA militar, ETA político-militar, GRAPO, grupos de incontrolados de extrema derecha), como por las fuerzas de orden público, que mantenían las lógicas represivas heredadas de una dictadura que aunque todavía se mantenía, había comenzado a extinguirse.

Adolfo Suárez junto a Gutiérrez Mellado tras la aprobación en cortes franquistas de la Ley de Reforma Política en noviembre de 1976.
El año 1977 comienza de forma trágica con la Semana Negra de Madrid. El 23 de enero era asesinado a tiros por pistoleros ultraderechistas el estudiante Arturo Ruiz García, de 19 años, durante el transcurso de unas manifestaciones a favor de la amnistía de los presos políticos. Su atentado provocó protestas el día 24, que fueron reprimidas por la policía. En este contexto fue alcanzada por un bote de humo María Luz Nájera Julián, que quedó en coma y acabó muriendo pocas horas después. El mismo día, dos individuos entraban en un despacho de abogados laboralistas ligados a CC. OO., situado en la calle Atocha, disparando contra ellos y dejando cinco personas muertas, y cuatro heridas. Además, un comando del GRAPO secuestraba al general Emilio Villaescusa, añadiendo más tensión. El grupo de extrema izquierda tenía también secuestrado en ese momento a Antonio María Oriol y Urquijo.

Atentado del GRAPO en enero de 1977.
Entre marzo y abril de 1977, el ejecutivo de Suárez permitió el paso a la legalidad de algunos partidos, como el PSOE o el PCE. Esta última cuestión provocó tensiones en el ejército, que se sintió agravado por la decisión de permitir a los comunistas actuar legalmente en el nuevo contexto. Se relajó la persecución de otras organizaciones en ese momento ilegales, como los partidos de izquierda radical, y se planteó como horizonte la celebración de elecciones para junio de 1977. Desde marzo volvieron a producirse atentados por parte del nacionalismo radical vasco con los asesinatos de los guardias Constantino Gómez Barcia (13/III/1977) y Antonio Galán Aceituno (29/IV/1977).
La cuestión de las elecciones de 1977 polarizó a los diversos grupos políticos. La izquierda moderada (PSOE y PCE) ya estaba en situación legal para su participación. Las organizaciones de izquierda radical se mantuvieron en la ilegalidad, pero se presentaron indirectamente a través de candidaturas ciudadanas. En cambio en el abertzalismo radical vasco, se produjo una división entre una ETA (político-militar) más posibilista, que apreció los gestos del gobierno de Suárez, como el extrañamiento de sus presos al extranjero, y ETA (militar), que manifestó su voluntad de intensificar su campaña de atentados. Mientras el sector poli-mili acabó participando en las elecciones a través de la coalición Euskadiko Ezkerra, el sector militarista decidió apoyar la abstención al entender que no se daban condiciones democráticas, conjuntamente con otras organizaciones. A partir de 1977 comenzó una escalada de ataques por parte del nacionalismo vasco radical que provocó 11 víctimas mortales.

Rueda de prensa de ETA (político-militar).
Este fue el inicio de una oleada de muertes que llegó a su cenit en 1980 con en torno a 90 asesinatos. Es en este contexto donde se producen los atentados de Manuel Orcera Cruz y Rafael Carrasco Lamas.
Organizaciones perpretadoras:
Comandos Berezis de ETA (político-militar): La fundación de ETA se produce a finales de los años cincuenta, como una organización nacionalista radical y opuesta a «la pasividad» del PNV frente a la dictadura. Desde principios de los años sesenta, ETA recibió influencias izquierdistas que llevaron a discusiones internas y a la escisión de los grupos más obreristas, frente aquellos que defendían la preminencia de la acción violenta y el nacionalismo más tradicional. En 1968 se producen los primeros asesinatos de ETA, con la muerte de José Pardines tras un encuentro fortuito en un control de carreteras y el tiroteo de Melitón Manzanas, primera víctima premeditada de la organización. En 1971 durante la celebración de un proceso contra militantes de la organización acusados de este asesinato , una parte importante del grupo decide dejar la violencia (ETA VI), mientras una minoría continuaría bajo el nombre de ETA V.
En 1974, comienza una nueva crisis que llevó a este último grupo a la escisión en dos ETA’s paralelas: ETA (político-militar) (1974-1982) y ETA militar (1974-2018). Ambas diferían en su forma de entender el proceso de Transición. ETA (pm) apostó por combinar la acción política y electoral con la reducción de la violencia, creando el partido EIA y unos grupos de élite, los Comandos Bereziak (especiales). ETA (militar), en cambio, se especializó en el uso de la violencia política, considerando que la apertura de la Transición implicaba el mantenimiento encubierto de la dictadura militar. Los denominados milis decidieron intensificar sus atentados, buscando desestabilizar el proceso y forzar una negociación.
La contradicción entre la participación política y la existencia de un brazo armado en ETA (pm) provocó una rápida ruptura interna. Mientras la dirección propugaba la tregua y la vía electoral mediante contactos con el gobierno de UCD, los berezis defendieron la continuidad de la violencia y se organizaron de forma autónoma, acusando a la dirección de reformismo y traición. Su primera acción como grupo independiente, ajeno a ETA (pm) fue el asesinato de Manuel Orcera de la Cruz el 18 de mayo de 1977, seguido del secuestro de Javier Ybarra, en un clima de fuerte tensión previo a las elecciones de junio. En septiembre de ese mismo año, una parte significativa de los berezis se integró en ETA militar. Otra parte ayudó a la conformación de una nueva red de grupos armados, los Comandos Autónomos Anticapitalistas, de carácter anarquista.
Grupos de Resistencia Antifascista Primero de Octubre (GRAPO): Los Grupos de Resistencia Antifascista Primero de Octubre (GRAPO), fueron una organización terrorista de extrema izquierda, ligada al Partido Comunista de España (reconstituido), que desarrolló su actividad violenta desde 1975 a 2011, cuando se produce su último atentado. Los orígenes del PCE (r) se encuentran en la emigración española en Bélgica y Francia. El Mayo Francés, el contacto con los primeros grupos maoístas europeos, y las disidencias a la política de Reconciliación Nacional impulsada por el Partido Comunista de España (PCE), que abogaba por las vías pacíficas, fueron factores que propiciaron su nacimiento. En 1968 se funda en Bruselas la Organización de Marxistas Leninistas Españoles (OMLE), contraria a la línea política del PCE. La OMLE originalmente no se planteó el recurso a la violencia, sino que sus primeras acciones fueron la participación en protestas, repartos de propaganda, manifestaciones, pequeños sabotajes, etc. Su fusión con otros grupos permitió la llegada de nuevos militantes como Manuel Pérez Martínez (Camarada Arenas), futuro líder de la organización. La llegada de Arenas produjo cambios, ya que consiguió desplazar a los fundadores originales e implantar una propuesta política muy radicalizada.
En el periodo 1973-1975 se pone en marcha la “reconstrucción del partido propiciando la transformación de la OMLE al PCE(r). La represión tardofranquista, la tendencia ultra “antirevisionista”, contraria a cualquier tipo de alianza con otros colectivos, y una visión optimista del ciclo de conflictividad obrera del momento, fueron factores que hicieron que la dirección del grupo pusiera en marcha una Sección Técnica, que de pequeños atracos dio el salto al asesinato político, al menos desde agosto de 1975. Como respuesta a los fusilamientos del 27 de Septiembre, el día 1 de octubre el grupo asesinó a cuatro miembros de la Policía Armada, hecho que acabó dando nombre al grupo. Desde entonces los GRAPO lanzaron una campaña de violencia (1975-1982) con ataques de importante repercusión social, como fueron los secuestros de Oriol y Villaescusa.
Las víctimas:
Manuel Orcera de la Cruz (Úbeda, 1953-San Sebastián, 1977): Trabajó como carrocero de coches antes de plantearse entrar en las entonces denominadas como Fuerzas de Orden Público (FOP). En 1975, su padre Manuel Orcera Expósito fue asesinado con Antonia Padilla Sánchez por José Escóz Madrid, por celos infundados . Este drama familiar le empuja a buscar nuevas opciones laborales y familiares. Decide ingresar en la Academia de Policía Armada en Badajoz. Es trasladado a San Sebastián en abril de 1976. Estaba casado con Clara Campos Moya y tenía una hija, Catalina. Su esposa estaba embarazada de otro niño, Manuel, en el momento en el que sufrió el atentado.


Fotografías de Manuel Orcera de la Cruz y Clara Campos Moya durante la década de los años setenta. Fuente: Mapa del Terror realizado por el Colectivo de Víctimas del Terrorismo del País Vasco (COVITE), y Revista Policía Armada n.º 66, p. 15.
El 18 de mayo de 1977, Manuel Orcera se encontraba de servicio en el interior de la Estación de Amara en la capital guipuzcoana. A las seis y media de la tarde, dos miembros de los Comandos Berezis llegaron a la estación en un coche modelo Simca 1200. Uno de ellos se apeó del automóvil y disparó cinco tiros a bocajarro a Manuel Orcera, alcanzándole en el pecho y dañando su corazón. Otro agente de la policía armada, al escuchar las detonaciones, disparó una ráfaga de metralleta contra el agresor, que huyó hacia en el vehículo en el que habían accedido al recinto de la estación, consiguiendo escapar.

Lugar donde cayó herido por arma de fuego Manuel Orcera de la Cruz. Fuente: La Voz de España, (19-V-1977).
Manuel Orcera fue trasladado a la Residencia Sanitaria «Nuestra Señora de Aránzazu» (actual Hospital Universitario) en San Sebastián, donde ingresó ya muerto. Posteriormente, el coche se encontró abandonado en el barrio donostiarra de Loyola, constatando que robado. Su dueño había sido secuestrado y dejado libre en las faldas del monte Ulía, zona al norte de la ciudad, tras perpetrarse el asesinato.
El día 19 de mayo se celebró un primer funeral en la catedral del Buen Pastor, en San Sebastián. En el acto, se le concedió a titulo póstumo, la medalla de oro al Mérito Policial y la medalla al Mérito de la Guardia Civil. Tras la misa, se produjeron incidentes en el casco viejo de la ciudad, atendiendo a informaciones de ABC:
«A primeras horas de la tarde del jueves, grupos armados con objetos contundentes se dedicaron a golpear a los transeúntes y a desalojar diversos establecimientos públicos en los alrededores del mercado La Brecha, en el bulevar y otros puntos de la parte vieja de San Sebastián. A media tarde se desconocía […] si había habido heridos entre los atacados. Ya la noche anterior grupos incontrolados desalojaron y ordenaron, a punta de pistola, el cierre de cafeterías y otros locales comerciales donostiarras.»
Los restos de Manuel Orcera fueron trasladados a la ciudad de Úbeda para su entierro el mismo día. El 20 de mayo de 1977, siendo alcalde Manuel Fernández Peña, se instaló en la cripta del Palacio de las Cadenas la capilla ardiente, donde autoridades, familiares, amigos y cientos de ubetenses mostraron sus condolencias. El consistorio municipal concedió a la familia un nicho en el cementerio de San Ginés, así como la medalla de oro de la ciudad. Se celebró una misa en la iglesia de Santa María de los Reales Alcázares, y se inició un cortejo fúnebre hacia el camposanto para inhumar definitivamente el ataúd del policía armada asesinado. Algunas fuentes han llegado a cifrar la concurrencia a estos actos en unas veinte mil personas.

Funeral oficiado en San Sebastián a Manuel Orcera. Fuente: Revista Policía Armada n.º 64, p. 16.
La prensa de la época identificó presuntamente a Iñaki Gabilondo Agote y José Ángel Aramendi Albizu como autores materiales, aunque no fue demostrado nunca judicialmente. Ambos habían sido acusados de participar en el secuestro de los empresarios Ángel Berazadi y José Luis Arrasate. Iñaki Gabilondo murió en 1980, integrado en comandos de ETA militar, en un enfrentamiento contra la policía. José Ángel Aramendi fue uno de los últimos dirigentes de ETA (pm) VII asamblea, organización que se disolvió en septiembre de 1982, al renunciar al uso de la violencia.
Rafael Carrasco Lamas (Úbeda, 1942- Barcelona, 1977): Trabajó de repostero durante sus años de juventud, previo a la incorporación en la Guardia Civil. Cursó estudios en la Academia de Guardias de Úbeda desde septiembre de1 1969 hasta 1970. Había pertenecido a la promoción nº 67 de la institución. Se traslada a Barcelona tras la finalización de sus estudios en el Instituto Armado. Casado con Dolores Orpez Leiva, tuvo cuatro hijos, llamados Isabel, Diego, Manuel y Dolores.


Fotografías de Rafael Carrasco Lamas con uniforme de la Guardia Civil. Fuente: ficha de víctimas de la Guardia Civil publicada en la red social X , y Ramón CONSUEGRA: Úbeda: Hombres y Nombres.
El 4 de junio de 1977 los guardias Rafael Carrasco Lamas y Antonio López Cazorla se encontraban en la entrada del cuartel de la Guardia Civil situado en la Avenida Madrid de la ciudad de Barcelona. Antonio López se estaba encargando de labores de vigilancia del acuartelamiento, mientras que Rafael Carrasco se encontraba vestido de mono azul, realizando labores de mantenimiento en un vehículo de su propiedad.
A las once y media un vehículo Simca 1200, estacionaba en doble fila frente al cuartel. En el se encontraban tres miembros del GRAPO, dos de los cuales se apearon armados con pistolas y dispararon a Antonio López Cazorla que murió en el acto. Los dos individuos se hicieron con el subfusil que portaba el guardia y ametrallaron a Rafael Carrasco, atacando a otro número en su huida. Atendiendo al libro «Úbeda: Hombres y Nombres«, Diego, hijo de Rafael Carrasco de ocho años, se encontraba en las cercanías del cuartel, y al oír los disparos se acercó, encontrando el cuerpo ensangrentado de su padre.
Los guardias civiles que acudieron al auxilio de sus compañeros devolvieron el fuego contra los miembros del GRAPO mientras huían en el vehículo en el que se habían trasladado, provocando que se estrellase contra un turismo. A raíz de esto, los asaltantes huyeron a pie, sin poder ser capturados por la Guardia Civil.
Rafael Carrasco y Antonio López fueron trasladados al Hospital Clínico de Barcelona, donde se certificó su muerte. Se realizó en el propio cuartel de la Guardia Civil, donde se rindió homenaje a los dos finados, con imágenes de fuerte dolor de sus familiares, compañeros y amigos. El cadáver de Rafael Carrasco se trasladó el día 6 de junio a Úbeda. Apenas unas semanas después del asesinato de Manuel Orcera, se repitió la misma escena que el 19 de mayo de 1977. Se instaló una capilla ardiente en el Ayuntamiento a instancias de Manuel Fernández Peña, con una destacada presencia institucional, con el pleno municipal al completo, y la presencia del gobernador militar de Jaén, Salvador Bujanda González, y destacados cargos de la Policía y la Guardia Civil. La prensa de la época cifró en quince mil personas la participación en los actos de homenaje.

Subdirector General de la Guardia Civil y gobernadores Civil y Militar de Jaén en el funeral de Rafael Carrasco, celebrado en Úbeda. Fuente: Diario Jaén (7-VI-1977), Archivo Personal de Agustín Palacios.
Se declaró un día de luto, y se le impuso al guardia asesinado la Medalla de oro de la Ciudad. Se realizó un funeral en la colegiata de Santa María. El féretro fue sacado a hombros de la iglesia y trasladado al cementerio de San Ginés, donde fue inhumado.

Féretro de Rafael Carrasco sacado a hombros por sus compañeros. Fuente: Diario Jaén (7-VI-1977). Archivo Personal de Agustín Palacios.
La memoria de las víctimas del terrorismo de Úbeda hasta nuestros días.
Como se ha ido indicando a lo largo del texto, en el momento que se produjeron estos asesinatos, la corporación municipal dirigida por Manuel Fernández Peña (1970-1978), último alcalde de la dictadura, se volcó especialmente en el reconocimiento de las víctimas, a través de un apoyo explícito. Se celebraron importantes funerales en la ciudad, se otorgaron honores institucionales y se les concedió al menos a una de las víctimas un nicho sufragado por el Ayuntamiento en el cementerio de Úbeda.

Manuel Fernández Peña, último alcalde durante la dictadura franquista en Úbeda. Fuente: Ramón CONSUEGRA: Úbeda: Hombres y Nombres.
Posteriormente, ya en democracia se produjeron otros homenajes, como fue la localización de dos calles en la construida en el cerro de la Horca, zona periférica, que se ha convertido en una zona de expansión de la ciudad de Úbeda a principios del siglo XXI.


Placas que marcan las calles Francisco Carrasco Lamas y Manuel Orcera de la Cruz. Se encuentran una al lado de otra. Fuente: Google Maps.
El ayuntamiento de Úbeda ha realizado diversos eventos en recuerdo a las víctimas del terrorismo durante el siglo XXI, en el que se ha hecho mención a los dos ubetenses asesinados, como el celebrado en el celebrado en 2022 con motivo del XXV aniversario del atentado contra Miguel Ángel Blanco. Manuel Orcera, hijo menor del policía asesinado en 1977, se ha destacado por su militancia en el Partido Popular, participando en homenajes a víctimas del terrorismo en la ciudad de Úbeda.

La alcaldesa Antonia Olivares del PSOE en el homenaje a Miguel Ángel Blanco en el año 2022.

Manuel Orcera, en un homenaje de la Fundación Miguel Ángel Blanco en la Plaza de Andalucía de Úbeda en 2022.
En el verano del 2024 el Ayuntamiento de San Sebastián instaló una placa en la Estación de Amara, en recuerdo del atentado que sufrió Orcera. En este homenajes se le dedicó una ofrenda floral junto a sus familiares y representantes del poder municipal. Sin embargo, no conocemos un acto específico sobre la figura de Rafael Carrasco Lamas.
Video homenaje de Manuel Orcera de la Cruz en San Sebastián (29-VI-2024).
Bibliografía.
Lorenzo CASTRO: Terrorismo en España: el caso PCE(r)-GRAPO, Madrid, Sílez, 2025.
Ramón CONSUEGRA: Úbeda: Hombres y Nombres, Monachil, Gráficas Monachil, 1982.
Gaizka FERNÁNDEZ: Héroes, heterodoxos y traidores. Historia de Euskadiko Ezkerra (1974-1994), Madrid, Tecnos, 2013.
Miguel GARCÍA: «Los vientos del este, el maoísmo hispano y la influencia de la “vía china al socialismo” en la oposición antifranquista. (1964-1980)» en Mobilitzacions socials i esquerra radical: Actes del II Congrés Les altres protagonistes de la transició, 2020, pp. 370-401.
VV.AA.: Historia y memoria del Terrorismo en el País Vasco. Polonia, Editorial Confluencias, 2021.
Hemeroteca.
ABC (20-V-1977)
Diario Jaén (7-VI-1977).
Diario Ya (5-VI-1977).
El Correo Español-El Pueblo Vasco (19-V-1977).
La Vanguardia Española (5-VI-1977).
La Voz de España (19-V-1977).
Revista Policía Armada n.º 64.
Webgrafía