Introducción.
Con motivo del noventa aniversario de la Guerra Civil Española, queremos realizar un pequeño artículo con nuevos datos documentales sobre uno de los personajes más polémicos del conflicto en la ciudad de Úbeda. Consideramos interesante esta cuestión, ya que se trata de un personaje que muestra hasta que punto es necesario atender al elemento contextual, más allá de relatos dicotómicos, para comprender en toda su dimensión el complejo proceso que supuso la guerra civil. Y es que, más allá de cuestiones ideológicas, la guerra abrió un ciclo de violencia que venía fraguándose desde décadas atrás por los diversos agentes, y que posibilitó que personajes de diversa índole acabaran en ciertas posiciones de poder, más allá de sus posicionamientos ideológicos reales. Decimos esto, porque al igual que el personaje que vamos a tratar se considera vinculado al bando republicano, sus motivaciones y su actividad durante la guerra poco tuvo de político y estuvo más relacionada con dinámicas de violencia procedente de la delincuencia.
Nos referimos a Millán López Ruiz, conocido como el “Polizón”, y que tuvo una destacada importancia en ciertos eventos violentos durante la Guerra Civil en Úbeda, como fue el propio asalto a la Cárcel de Partido de la ciudad la noche del 30 al 31 de julio de 1936, donde fueron asesinados en torno a 50 presos (las cifras difieren sobre si fueron 47 o 48 las muertes que se produjeron). En este sentido, han corrido historias sobre la figura de este hombre, siendo calificado como maleante antes de la guerra, destacado sanguinario durante la misma, y muerto de manos de milicianos cenetistas. La memoria de sus actividades se vinculó al dominio republicano de Úbeda durante el conflicto, mezclando realidad y la voluntad de establecer una memoria luctuosa para al bando leal al gobierno del Frente Popular durante la postguerra y la dictadura. Y es que ambas partes durante el conflicto desarrollaron propaganda que buscaba la adhesión de sus retaguardias y la deshumanización del contrario ya fuera por motivos de clase (propietarios-obreros organizados), religiosos (clericales-anticlericales) o políticos (derechas-izquierdas). Sin embargo, tal y como plantea el profesor de la Universidad de Granada, Miguel Ángel del Arco Blanco en sus estudios sobres el hambre en los años cuarenta y cincuenta, fue esta memoria de la comunidad de vencedores, que implicaba la brutalización del vencido, y por tanto, la justificación del castigo colectivo durante la postguerra, y los diversos niveles de represión durante la dictadura hasta 1977. Posteriormente, en democracia, la figura del “Polizón” intentó ser olvidada, por constituir un personaje odioso para todas las culturas políticas herederas de las organizaciones que vivieron la guerra. Para unos, un asesino, extorsionador y un ejemplo de la brutalidad de las izquierdas contra las personas de orden. Para otros, un oportunista, que aprovechó la guerra para su enriquecimiento personal y fue responsable de auténticas barbaridades que acabaron justificando el discurso de la dictadura. Más aún en un contexto de construcción de la democracia, en el que los diversos agentes implicados pactaron cierto “olvido generalizado” con objeto de consolidar el nuevo sistema. Aún a día de hoy, si bien podemos conocer un listado de víctimas de represión republicana durante la guerra, recogido por las autoridades locales de la dictadura, y siempre presentes en el recuerdo del régimen por constituir sus “mártires fundacionales”, no existe un listado completo de represaliados del franquismo en Úbeda, ni por consejos de guerra ni por otro tipo de mecanismos represivos
Es necesario añadir que personajes como el “Polizón”, no fueron exclusivos del bando republicano. La guerra permitió que personas con tendencias violentas aprovecharan el vacío de poder, tuvieran realmente ideología política o no, tanto en el bando leal como el sublevado. Algunas de estas personas incluso se acabaron cambiando de bando y formando parte del aparato represivo durante la dictadura, como fue el caso del policía Roberto Conesa, relacionado con las Juventudes Socialistas Unificadas antes de la guerra, y que acabó utilizando brutales métodos de tortura contra opositores hasta la década de los años setenta. Y es que como decimos la guerra civil no solo fue un proceso en el que revolucionarios y contrarrevolucionarios tomaron un papel protagonista. También oportunistas, delincuentes, o revanchistas estuvieron encuadrados con auténticos falangistas, carlistas, anarquistas, socialistas y comunistas en los frentes de guerra y en la retaguardia. Conjuntamente con la población civil, que se vio obligada a tomar partido en un conflicto que muchas veces estaba alejado de sus intereses concretos y que acabó truncando sus vidas y su juventud, dependiendo de la zona en la que se encontrasen durante el conflicto.
Con este texto no queremos homenajear a la figura de Millán López Ruiz, sino intentar aportar nuevas fuentes que permitan conocer las aristas y espinas de este personaje, a través de la documentación que hemos ido recopilando con el objeto de confirmar o desmentir lo que se ha escrito sobre el mismo en las últimas décadas.
Millán López Ruiz antes del inicio de la Guerra Civil.
Si bien ha existido cierto interés por la Guerra Civil en Úbeda durante los años 90’s y 2000’s, no existen estudios ni integrales ni parciales el conflicto en la ciudad. Algunos libros de memorias como los de Juana López Manjón, Fernando Sánchez Cortés o Luis Juan Hurtado nos permiten acercarnos al contexto anterior y durante la guerra civil. Sin embargo, estos testimonios ofrecen visiones mediatizadas por las vivencias de sus protagonistas. Ha habido intentos de tratar ciertas cuestiones parciales por otros autores como Juan Barranco , Juan Antonio Soria, Agustín Palacios, Arsenio Moreno, o de integrarlas en un relato sobre la historia de Úbeda, como el realizado por Vicente Ruiz con motivo del XX Aniversario de la concesión del Patrimonio de la Humanidad a Úbeda y Baeza, por mencionar algunos de los principales autores. Pero como indicamos, no existen publicados monográficos sobre guerra, represión, colectivizaciones, u otras cuestiones relacionadas con esta temática en la ciudad. Algunos de estos autores pudieron entrevistar a personas que vivieron estos hechos, y una parte importante del conocimiento que tenemos proviene de esta memoria oral.
Como decimos, las fuentes orales han contado tradicionalmente que el “Polizón”, era un delincuente y un asesino anteriormente al inicio de la guerra. Atendiendo a lo planteado por los pocos autores locales que han escrito sobre su persona, destacando el estudio realizado por Juan Barranco Delgado respectivo al palacio del Obispo Canastero, Millán López Ruiz es descrito de la siguiente manera:
“El personaje era un elemento de cuidado, pues de él cuentan nuestros mayores que antes de la guerra fue protagonista de este otro caso: “El Polizón era ‘amigo’ de una señora de alegre vida llamada Sebastiana Ventaja de la Cruz, apodada “la Garavita”. Un día la llevó al caracol de una viña situada por encima de la Fuente de la Alameda, y cuando ésta dormía, el “gachón” la asesinó, aplastándole la cabeza con una piedra; después la echó sobre una cepa y allí la dejó en vergonzosa posición y vista. Seguidamente se dirigió a la casa de ella que estaba situada en el Alcázar, para robarle su corto caudal, pero al ser sorprendido por un hijo de la asesinada, ‘el Polizón’ cogió al niño y lo arrojó al pozo. Pero quiso la casualidad o el destino que el chaval quedara indemne al quedar parado en una piedra que sobresalía y permanecer en silencio hasta ser descubierto por las vecinas al otro día. Este doble acto criminal le costó ir a presidio y allí permaneció hasta ser amnistiado con motivo del triunfo electoral del Frente Popular de Febrero de 1936.”
Fuente: “Tras nuestras piedras armeras. El Palacio del Obispo Canastero (II)”. Ibiut, n.º 123, (2002), p. 2-3.
Atendiendo a la documentación que he consultado sobre el personaje, todo parece indicar que efectivamente, el “Polizón” cometió este asesinato en agosto de 1930. Existen multitud de referencias al asesinato de Sebastiana Ventaja “la Garavita”, en diversas cabeceras locales y nacionales, lo cual parece indicar que el caso tuvo un relativo impacto social. Probablemente, la crónica más completa la encontremos en el diario local La Provincia, que ofreció un relato extenso y del que probablemente se basaron el resto de prensa que reseñó el asesinato.

Fuente: La Provincia, 2/8/1930, Biblioteca de la Asociación Cultural Ubetense Alfredo Cazabán.
Realizando una síntesis de la información presentada por el periódico, la noche del 1 al 2 de agosto de 1930, Millán López Ruiz, alias el “Polizón”, de veinticuatro años, de profesión jornalero, asesinó a su amante Sebastiana Ventaja, alias “La Gavarita”, viuda, de treinta y cuatro años, residente en el barrio del Alcázar y madre de un niño, Manuel Muro. El móvil del crimen fue la intención del “Polizón” de robarle un dinero por la venta de una casa. Tras llevarla a las afueras de la ciudad, en una finca cercana a la Fuente de la Alameda, Millán López asesinó a cuchilladas y pedradas a Sebastiana, dejando el cadáver oculto en una viña. Se dirigió a la casa de la mujer buscando encontrar el dinero de la transacción y allí fue descubierto por el hijo de la asesinada. Para evitar su detención, Millán tiró al pozo al chaval, que sobrevivió y dio la voz de alarma. Mientras tanto, huyó de la casa, escapando a la Plaza del General Saro, donde cogió un taxi y se dirigió a la estación de Baeza, con la intención de huir. El servicio de guardería rural y los guardias municipales escucharon esa misma noche al joven Manuel pidiendo auxilio dentro del pozo en el Alcázar y lograron rescatar al chiquillo, que explicó el robo y agresión que había sufrido, sin noticias de su madre. El cadáver de Sebastiana fue encontrado por el perro de un cazador a la mañana siguiente y posteriormente levantado por las autoridades judiciales.
La noticia del crimen corrió como la pólvora siendo reseñado en cabeceras regionales y nacionales tales como El Socialista, El Diario de Almería, El Cantábrico, el diario republicano valenciano Pueblo, El Liberal, los periódicos cordobeses Diario de Córdoba y Diario de Córdoba de Comercio o en La Voz de Levante. Todas estas cabeceras recogieron a grandes rasgos la versión expuesta en la Provincia con algunas variaciones.

Un ejemplo de las diversas reseñas que se dieron del caso en prensa nacional.
Fuente: El Cantábrico 2/8/1930, Biblioteca Virtual de Prensa Histórica.
El dia 3 de agosto, Millán López fue detenido en Álcazar de San Juan, tras intentar tomar el expreso en dirección Algeciras, con la intención presumiblemente de salir del país y escapar, tal y como reseña también diversos diarios. De nuevo, la crónica más extensa la ofrece el diario La Provincia, que expone la detención a través de Andrés Blanco, ubetense que volvía en el mismo tren donde fue encontrado por la policía.

Fuente: La Provincia, 3/8/1930, Biblioteca de la Asociación Cultural Ubetense Alfredo Cazabán.
Atendiendo al diario La Provincia:
“manifestando que observó que un joven agente de policía, llamado don Daniel Fernández, que iba de servicio en el tren, después de inspeccionar en funciones de su cargo, los documentos de los viajeros de aquel departamento se dirigió al wáter, notando que había dentro alguien. Continuó su cometido en el resto del vagón, y seguidamente volvió al WC. Esta vez llamó a la puerta y momentos después salía un individuo del que requirió la documentación. El desconocido manifestó que no llevaba más que la cartilla militar. Examinada por el agente, este vio que estaba extendida al nombre de Millán López Ruiz, coincidiendo con el de la ficha que le había facilitado dirección. El policía interrogó hábilmente al sujeto que no tardó mucho en confesarse autor del crimen perpetrado en la ciudad de Úbeda durante la noche del jueves último. El Agente le practicó al detenido un registro, encontrándole la cantidad de tres mil pesetas y una tarjeta que tenía las señas de un industrial vinatero que habita en la calle de Embajadores. Inmediatamente el joven policía requirió el concurso de los guardias civiles de servicio en el convoy, que procedieron a esposar al criminal. Este quedó detenido en Manzanares”.


Otros de los múltiples ejemplos que hemos encontrado sobre la reseña de la detención del “Polizón”
Fuente: El Liberal, 3/8/1930,Biblioteca Virtual de Prensa Histórica, El Socialista, 3/8/1930, Fundación Pablo Iglesias.
Sin embargo no es la única causa que hemos encontrado anterior al inicio de la guerra. En la Gaceta de Madrid, n.º 97 del 7 de abril de 1931 aparece más información sobre el “Polizón”, como se aprecia a continuación:

Fuente: Gaceta de Madrid, n.º 97 del 7 de abril de 1931, p. 221.
Aqui se puede apreciar que e Millán López ya tenía una causa abierta por robo en 1929, y que desde al menos enero de 1931 se había dado una orden de búsqueda y captura contra el y otros acusados, que fue dejada sin efecto en abril del mismo año. Además, existen otras referencias a los antecedentes del “Polizón” en los artículos previamente reseñados. En la crónica que facilitó La Provincia sobre el asesinato de la “Garavita”, se mencionaba que:
“Millán López Ruiz hirió hace un mes, poco mas o menos, a un chico con una hoja de afeitar, en unión de otros, tenía la ineludible obligación de hacer acto de presencia diaria en el cuartel de la guardia civil.”
Así mismo en el periódico La Libertad referente al asesinado se exponía la siguiente información.

Fuente: La Libertad. 2/8/1930, Biblioteca Virtual de Prensa Histórica.
No podemos afirmar con seguridad que la apostilla que realiza esta crónica sobre anteriores delitos de sangre por parte de Millán López sea cierta, pero si indica que la fama del personaje como delincuente violento era algo asentado para principios de los años treinta. En 1932 se celebraron varios juicios contra el “Polizón”. El 3 de junio de 1932, según la información del periódico La Libertad, Millán López fue condenado a 32 años de cárcel por el asesinato de Sebastiana Ventaja.

Fuente: La Libertad. 3/6/1932, Biblioteca Virtual de Prensa Histórica.
Veinte días mas tarde, un Consejo de Guerra le condenó a otros cuatro años de prisión por el ataque contra miembros de la fuerza armada, como se puede apreciar a continuación.

Fuente: El Liberal 23/6/1932, Biblioteca Virtual de Prensa Histórica.
No tenemos datos de cuando entra en la cárcel, pero todo parece indicar que la condena se hace efectiva durante el año 1932 y que es encarcelado en la Cárcel Central de San Miguel de los Reyes, en la ciudad de Valencia. En cambio, tenemos datos de cuando es excarcelado, y parecen indicar que la salida del Millán López, dentro de la amnistía de 1936 no se corresponde con la realidad. En primer lugar porque el “Polizón” salió en libertad condicional en noviembre de 1935, bajo el gobierno de Joaquín Chapaprieta, dentro de la coalición Radical-Cedista, y en pleno escándalo del “estraperlo” (octubre de 1935). Esta cuestión se puede documentar a través de la Gaceta de Madrid, como se puede apreciar a continuación.

Fuente: Gaceta de Madrid, n.º 332 del 28 de noviembre de 1935, p. 1742.
En segundo lugar por que de las dos condenas conocidas por las que Millán López fue encarcelado, al menos la principal fue por delitos común ordinario, y no era susceptible de ser amnistiada por la legislación que el gobierno del Frente Popular. El Decreto-Ley del 21 de febrero de 1936, que regulaba la medida especificaba que el tipo de delito debía ser de carácter político social, y la condena por el asesinato de Sebastiana Ventaja había tenido un móvil claramente económico. La otra condena de cuatro años si podría ser interpretada como un delíto por móvil político o laboral, pero pese a ello, era una condena menor comparada con la anterior.

Millán López Ruiz durante la Guerra Civil.
No existen datos de cómo o cuando volvió el Millán López a la ciudad de Úbeda, pero si existe constancia que el antiguo delincuente se alistó a las milicias que durante los primeros meses de la guerra fueron formadas en la zona republicana por partidos y sindicatos de izquierda. No se le conoce afiliación pero algunos relatos lo han considerado como afiliado a la CNT, aunque no existen datos documentales que nos permitan realizar esta afirmación en firme. Sabemos también que Millán López Ruiz, conjuntamente con su hermano Tomás fue uno de los participantes del asalto a la cárcel de Úbeda en la noche del 30 al 31 de julio de 1936 donde murieron cuarenta y ocho personas, la mayoría destacados afiliados de partidos derechistas como la CEDA o el Partido Agrario, y miembros de la clase empresarial ubetense, además de un importante contingente de personas provenientes de Larva y el antiguo alcalde socialista moderado Baltasar López Ruiz, que a pesar de tener coincidencia en los apellidos, no tiene relación con el “Polizón”.
El asalto a la cárcel ha sido descrito por varios testigos en sus memorias, destacando Juana López Manjón y Fernando Sánchez Cortés, sin embargo ninguno de ellos hace referencia directa al “Polizón” en estos relatos. En cambio en la Causa General, macrojuicio impulsado por las autoridades franquistas tras la guerra con motivo de castigar los asesinatos republicanos de retaguardia, fijar una verdad histórica de la Guerra e impulsar la posterior represión tras e conflicto, si encontramos algunos datos que resultan interesantes para comprender el papel que tuvo Millán López en algunos de estos sucesos de violencia política. Los dos únicos supervivientes al asalto de la cárcel, Pedro Iglesias Martínez y Cristóbal Herrador Herrera, en su declaración para este proceso mencionan que quien inicia el asalto y da orden a los presos de salir fue Millán López, diciendo “Para que veáis que somos más humanos que vosotros, os ponemos en libertad, marcháos”, aunque la versión de esta frase cambia según la declaración. El conjunto de los presos dudaron de las palabras del antiguo maleante, que los encañonó y los hizo salir, donde recibieron una descarga cerrada, produciendo el pánico en el interior de la cárcel. Se le acusa directamente al “Polizón”de los asesinatos de José Anguis Diez industrial, y miembro de la CEDA, de Esteban Lendínez Rodríguez, de igual profesión y afiliación, y de Alfonso Fernández Reyes, pintor afiliado a Falange.
Así mismo en relación con los dos supervivientes al asalto existen dos historias diferentes contadas por sus protagonistas. la primera por Pedro Iglesias Martínez, que tras ser herido y dado por muerto, fue protegido, según su testimonio, por Ramón Marquéz Banqueri, Juez Municipal, que consiguió que lo acostaran en una cama. Tras esto fue de nuevo atacado con armas de fuego y por arma blanca en la cabeza, pero sobrevivió y fue trasladado al Hospital de Santiago, por milicianos. Acusó al “Polizón” de intentar matarlo de nuevo dos veces durante su estanca en el Hospital.

Extracto de la declaración de Pedro Iglesias Martínez,para la Causa General de Úbeda. Fuente:Copia digital de la Causa General de Úbeda de la que se encuentra en el Archivo Histórico Nacional.
Sin embargo en el caso de Cristóbal Herrador Herrera se presenta un testimonio totalmente diferente ya que el superviviente fue directamente protegido por Millán López, y escondido en una caseta de arbitrios, situada según Agustín Palacios a la altura de donde estaba el Bar Levante en la Avenida de la Libertad, tal y como se puede apreciar a continuación:

Extracto de la declaración de Cristóbal Herrador Herrera, para la Causa General de Úbeda. Fuente: Copia digital de la Causa General de Úbeda de la que se encuentra en el Archivo Histórico Nacional.
Sin embargo, tanto Millán como su hermano Tomás también murieron de manera violenta durante la guerra en Úbeda, atendiendo a lo escrito en los años dos mil por Juan Barranco Delgado en base a testimonios orales, que describe a muerte del “Polizón” de la siguiente manera:
“Al iniciarse la guerra civil de 1936, los edificios religiosos y algunos palacios fueron utilizados como cárceles, almacenes, garajes u oficinas. Al convento de padres Carmelitas le cupo ser sede del sindicato de la C.N.T. Un día del mes de Septiembre, un grupo de milicianos armados salió de estas dependencias en busca de Millán López Ruiz, conocido por el apodo de “el Polizón”. Le esperaron en el torreón de la Puerta del Losal, y cuando apareció junto a un tal Líndez, le echaron el alto, pero en vez de pararse emprendió la huida. Los cenetistas le dispararon y lo hirieron levemente, por lo que él siguió hasta refugiarse en este histórico edificio propiedad por entonces de don Lázaro del Moral, donde se escondió en la cama del propietario. Los perseguidores siguieron el rastro de sangre y al ver que se encontraba allí, se apostaron en los balcones y ventanas de enfrente y escalaron los tejados de las casas vecinas, y voceando le instaban a que se entregara. Al verse perdido, salió a la calle y, puño en alto, emprendió de nuevo la huida al grito de “Compañeros libertad”, pero su fuga fue atajada al dispararle sus perseguidores a la cabeza, haciéndole saltar la masa encefálica que fue a estamparse en la encalada fachada de la casa de al lado, propiedad de Manuel Ruiz “Pancharra”. Fue durante esta refriega cuando otro miliciano disparó a la cabeza del Obispo Canastero, la cual cayó al suelo, siendo por varios días juguete de los niños de la calle. Hemos querido saber el motivo por el que los compañeros de “el Polizón” actuaron tan violentamente, pero no hay unanimidad entre los informantes. Su viuda dice que era muy aficionado al juego y que discutió varias veces airadamente en el casino con un dirigente político local, por lo que éste aprovechó la mínima para eliminarle. Otros dicen que fue por avisar a Heredero, el dueño de la fundición de su nombre, de que le iban a detener, cobrando por aquel chivatazo cierta cantidad. Y otros aseguran que fue porque quería matar al Líndez que le acompañaba.”
Fuente: “Tras nuestras piedras armeras. El Palacio del Obispo Canastero (II)”. Ibiut, n.º 123, (2002), p. 2-3.
Existe otra versión de la muerte del “Polizón” por un testigo ocular, Antonio Millán Sánchez, delineante y autor del libro Ubedí Básico, que se encontraba en Úbeda durante la guerra. En este mismo libro, narra como percibió el la muerte del Millán López:
«Poco después, vi como mi tío Antonio abandonaba con los operarios precipitadamente el trabajo y hombres con mono y escopeta tomaban posiciones contra un peligro que amenazaba por la calle Montiel. Presentía que algo digno de una película iba a producirse. Tomé a mi vez posiciones detrás de una palmera con evidente peligro de ser alcanzado por un balazo. Se trataba de un ajuste de cuentas entre los «hombres de mono». En un tejado de la casa que hace esquina a la cuesta del Losal y Montiel había un individuo disparando sobre los del Paseo, a su vez los del Paseo, lo acosaban desde diversos puntos. Aquello parecía una película del Oeste, con la diferencia del que el espectador también podía recibir su zambombazo correspondiente. Al fin, uno que estaba parapetado en el pilón de la fuente adosada a la iglesia de San Pablo acertó en la cabeza al tejado que cayó como un fardo desde allí arriba a la calle. Fue rematado porque aún tenía vida a pesar de las heridas. Alguien sacó un lujoso cortinaje bordado en oro de la Iglesia, algo así como el palio de un trono. Y ahí fue envuelto el muerto que transportaron dos milicianos sujetando el macabro envoltorio de dos picos. El muerto se llamaba de mote ‘Polizón’ «.
Fuente: MILLÁN, Antonio: Ubedí básico. Úbeda: El Olivo, 1998, p. 126.
La Causa General nos aporta otros datos como la fecha del asesinato (el 11 de agosto de 1936) y los acusados del mismo: Juan Rojas Patón y Bernardo de la Cruz Ruiz, además de apuntar que Tomás, hermano del “Polizón” también fue asesinado por milicianos confederales en la misma fecha. Hay que añadir, que las autoridades franquistas al acabar la guerra consideraron originalmente a ambos como “caídos”, como podemos ver en su inclusión en el listado de asesinados por represión republicana que se adjunta a continuación.

Fuente: Copia digital de la Causa General de Úbeda de la que se encuentra en el Archivo Histórico Nacional.
Sin embargo, las autoridades tuvieron que rectificar cuando comenzaron a recabar información a través de delaciones y testimonios, como se puede apreciar en el siguiente documento.


Conclusiones.
A lo largo del presente artículo hemos querido contextualizad a una figura como la de Millán López Ruíz por sus aristas, y lo espinoso de su caso. Asesino, delincuente común, ladrón, recluso, devenido en miliciano, corresponsable de algunos de los principales hechos violentos de la retaguardia republicana y posteriormente asesinado por otros milicianos. Pero también protector de una de las víctimas de la cárcel, y probablemente uno de los principales mitos sobre la Guerra Civil en Úbeda. Como vemos sus motivaciones poco o nada fueron ideológicas, sino más bien oportunistas. Sus características como victimario y víctima nos permiten mostrar lo profundamente complejo que fue la Guerra de 1936 y el porqué es necesario hacer un acercamiento histórico al fenómeno, mas allá de los relatos construidos sobre el mismo. Porque la dimensión humana es siempre mucho más complicada, y porque cualquier ciclo de violencia que se abra con la virulencia con la que se abrió en julio de 1936, abre la puerta a que personajes como estos alcancen ciertos puestos de poder o responsabilidad.
Bibliografía
Prensa Histórica.
La Provincia, 2/8/1930, Biblioteca de la Asociación Cultural Ubetense Alfredo Cazabán.
El Cantábrico 2/8/1930, Biblioteca Virtual de Prensa Histórica.
El Diario de Almería, 2/8/1930, Biblioteca Virtual de Prensa Histórica.
Pueblo, Diario Republicano de Valencia 2/8/1930, Biblioteca Virtual de Prensa Histórica.
La Voz de Levante 2/8/1930, Biblioteca Virtual de Prensa Histórica.
El Diario de Córdoba, 2/8/1930, Biblioteca Virtual de Prensa Histórica.
El Liberal, 3/8/1930, Biblioteca Virtual de Prensa Histórica.
El Liberal, 3/8/1930, Biblioteca Virtual de Prensa Histórica.
La Libertad. 2/8/1930, Biblioteca Virtual de Prensa Histórica.
El Socialista, 3/8/1930, Fundación Pablo Iglesias.
El Cantábrico 2/8/1930, Biblioteca Virtual de Prensa Histórica.
Diario de Córdoba de Comercio, 3/8/1930, Biblioteca Virtual de Prensa Histórica.
La Voz de Asturias, 3/8/1930, Biblioteca Virtual de Prensa Histórica.
El Diario Palentino, 4/8/1930, Biblioteca Virtual de Prensa Histórica.
Revistas.
Juan Barranco Delgado,“Tras nuestras piedras armeras. El Palacio del Obispo Canastero (II)”. Ibiut, n.º 123, (2002), p. 2-3.
Libros
MILLÁN, Antonio: Ubedí básico. Úbeda: El Olivo, 1998, p. 126.
Fuentes Primarias
Gaceta de Madrid, n.º 332 del 28 de noviembre de 1935, p. 1742.
Gaceta de Madrid, n.º 97 del 7 de abril de 1931, p. 221.
Causa General en Úbeda, Archivo Histórico Nacional (copia digital)